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Death valley, el desierto con rocas que se movían

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En este desierto ocurría algo de lo más inexplicable: rocas muy pesadas se desplazaban solas dejando un inquietante rastro. La ciencia ha dado explicación al fenómeno. Por Sergio Basi.
En el desierto californiano de Death Valley se registran las temperaturas más altas del planeta, y su punto más bajo está 85 metros por debajo del nivel del mar. 
No obstante, lo verdaderamente asombroso de este lugar es que desde los años 40 podemos encontrar un fenómeno totalmente atípico: cientos de rocas de más de 300 kg se despazan hasta 60 metros de distancia por un lago seco del lugar. Se descubrió que las rocas que se movían solas dejaban un rastro en su recorrido. Un auténtico misterio que, una vez más, la ciencia se encargaría de resolver, ya que no eran pocas las personas que hablaban del suceso como si lo impulsaran fuerzas sobrenaturales. Y así lo parecía hasta que se desplegó un equipo que, de forma remota, pudo analizar estas rocas andantes. Dos años tardaron en lograr contemplar el acontecimiento. 
Las observaciones demuestran que para que las rocas entren en movimiento se necesita una muy rara combinación, según afirmaron: que el lago se llene de agua, que esté a una altura suficientemente profunda para formar hielo flotante durante las noches frías de invierno, pero lo suficientemente poco como para no bloquear las rocas. Como las temperaturas nocturnas se desploman, el estanque se congela para formar láminas delgadas de hielo, que debe ser lo suficientemente delgado como para moverse libremente, pero lo suficientemente grueso como para mantener la fuerza.
Los días de Sol, el hielo comienza a derretirse y a romperse en paneles flotantes que los vientos ligeros impulsan a través de la explanada, empujando las rocas y dejando rastros en el barro blando debajo de la superficie. Estas observaciones ponen patas arriba las teorías anteriores.
Como decimos, las rocas se mueven bajo vientos suaves de 3 a 5 metros por segundo y fueron impulsados por el hielo de menos de 5,3 milímetros de espesor. Es difícil medir si una roca está en movimiento cuando todas las rocas a su alrededor también se están moviendo. Además, las rocas se movieron sólo entre 2 y 5 metros por minuto, una velocidad casi imposible de percibir desde la distancia y sin algún punto de referencia.
Así, pues, misterio resuelto, las rocas vivas no eran sino la combinación de numerosos factores naturales que, una vez más, rozaban lo prodigioso. 

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